CAPITULO 1
TRADUCIDO POR FORO DARKGUARDIANS
Esta vez, estábamos en el gran salón
soportando otra lección de etiqueta cuando ladrillos volaron por la ventana.
Elise inmediatamente cayó al suelo y comenzó a arrastrarse por la puerta
lateral, gimiendo mientras se marchaba. Celeste dejó escapar un grito agudo y
salió corriendo hacia la parte posterior de la sala, apenas escapando de la
lluvia de vidrio. Kriss agarró mi brazo, tirando de mí, y me eché a correr a su
lado mientras nos dirigíamos a la salida.
- ¡Dense prisa, señoritas! –gritó
Silvia.
En cuestión de segundos, los guardias
se alinearon en las ventanas y comenzaron a disparar, y las ráfagas de sonido
hicieron eco en mis oídos mientras huíamos. Ya sea que vinieran con armas o
piedras, cualquiera que mostrara el más pequeño nivel de agresión al palacio iba
a morir. No había más paciencia para estos ataques al palacio.
-Odio correr con estos zapatos,
-murmuró Kriss, tenía el vestido recogido en su brazo, y los ojos centrados en
el final del pasillo.
-Ninguna de nosotros tendríamos que
acostumbrarnos a esto, -dijo Celeste, respirando con dificultad. Rodé los ojos.
-Si fuera por mí, usaría zapatillas
todos los días. Ya estoy cansada de esto.-
-¡Menos charla, más movimiento! –Gritó
Silvia.
- ¿Cómo vamos a llegar abajo desde
aquí? –Preguntó Elise.
-¿Qué pasó con Maxon? –resopló Kriss. Silvia
no respondió.
La seguimos por el laberinto de
pasillos, buscando una ruta de acceso al sótano, viendo como guardia tras
guardia corría en la dirección opuesta. Me encontré admirándolos, preguntándome
el valor que tomaba correr hacia el peligro por el bien de otras personas. Los
guardias que nos pasaron eran completamente indistinguibles unos de otros,
hasta que un par de ojos verdes se clavaron en los míos. Aspen no parecía
asustado o incluso sobresaltado. Había un problema, y él se iba a encargar de
ello. Eso era simplemente quien él era. Nuestras miradas se encontraron por un
momento, pero fue suficiente. Era así con Aspen. En una fracción de segundo,
sin decir una palabra, le podía decir: ten cuidado y mantente a salvo. Y sin
decir nada él respondía, solo cuídate. Mientras estaba en paz con las cosas que
no decíamos, no tenía esa suerte con las cosas que decíamos en voz alta.
Nuestra última conversación no fue exactamente una feliz. Había estado a punto
de abandonar el palacio y le pedí que me diera un poco de espacio para superar
la Selección. Y entonces terminé quedándome y sin darle una explicación por
qué. Tal vez su paciencia conmigo se estaba acabando, su capacidad de ver sólo
lo mejor de mí se estaba secando. De alguna manera tenía que arreglar eso. No
podía ver una vida para mí que no incluyera a Aspen. Incluso ahora, mientras
tenía la esperanza que Maxon me escogiera, un mundo sin Aspen lo sentía
inimaginable.
- ¡Aquí está! –llamó Silvia, empujando
un panel misterioso en una pared. Empezamos a bajar las escaleras, Elise y
Silvia adelante a cargo.
-Demonios, Elise, ¡apresura el paso!
–gritó Celeste.
Quería estar molesta por lo que dijo,
pero sabía que todas pensábamos la misma cosa. Mientras descendíamos en la
oscuridad, traté de resignarme por las horas que desperdiciaríamos, escondidas
como ratones. Continuamos descendiendo, el sonido de nuestro escape cubierto
por los gritos hasta que la voz de un hombre sonó justo encima de nosotros.
- ¡Alto! –gritó. Kriss y yo nos
volvimos a la vez, viendo mientras el uniforme se hizo evidente.
-Esperen, -llamó a las otras chicas de
abajo. –Es un guardia.
Nos quedamos de pie en los escalones,
respirando pesadamente. Finalmente nos alcanzó, jadeando.
-Lo siento, señoritas. Los rebeldes
corrieron tan pronto como empezaron los disparos. Hoy no estaban de ánimo para
una pelea, supongo.
Silvia, pasó sus manos sobre sus ropas
alisándolas, y habló por nosotras.
- ¿Considera el rey que es seguro? Si
no, usted está poniendo a estas chicas en una posición muy peligrosa.
-El jefe de guardia lo ha declarado.
Estoy seguro que su majestad…
-Usted no habla por el rey. Vamos,
señoritas, sigan moviéndose.
- ¿Habla en serio? –pregunté.
–Vamos a bajar hasta allí para nada.
Me miró con una mirada que podría
haber detenido a un rebelde de su camino, y yo cerré mi boca. Silvia y yo
habíamos construido una especie de amistad, mientras ella me ayudaba a
distraerme de Maxon y Aspen con sus lecciones adicionales. Después de mi
pequeño truco en el Informe hace unos días, parecía que se había disuelto en la
nada. Se volvió al guardia, y continuó.
-Consiga una orden oficial del rey, y
regresaremos. Sigan caminando, señoritas.
El guardia y yo compartimos una mirada
exasperada y seguimos nuestros caminos. Silvia no mostró ningún remordimiento
cuando, veinte minutos más tarde, un guardia diferente vino, y nos dijo que
éramos libres de ir arriba. Estaba tan molesta con toda la situación, que no
esperé por Silvia o las otras chicas. Subí las escaleras, saliendo en algún
lugar en el primer piso, y seguí hasta mi habitación con mis zapatos aún
enganchados en mis dedos. Mis doncellas estaban desaparecidas, pero una pequeña
bandeja de plata con un sobre me estaba esperando en la cama. Reconocí la letra
de May, al instante abrí el sobre y devoré sus palabras. Ames, ¡Somos tías!
Astra es perfecta. Desearía que estuvieras aquí para conocerla en persona, pero
todos entendemos que necesitas estar en palacio en estos momentos. ¿Crees que
vamos a estar juntos para navidad? ¡No tan lejos! Tengo que volver a ayudar a
Kenna y James. ¡No puedo creer lo hermosa que es! Aquí hay una foto para ti.
¡Te amamos! May. Saqué la foto brillante detrás de la nota. Todos estaban allí
excepto por Kota y yo. James, el esposo de Kenna, estaba radiante, de pie junto
a su esposa y su hija con los ojos hinchados. Kenna estaba sentada en la cama,
sosteniendo un pequeño bulto rosado, luciendo igualmente emocionada y agotada.
Mamá y papá brillaban con orgullo, mientras que May y Gerad saltaban de
entusiasmo en la imagen. Por supuesto Kota no hubiera ido, no había nada que
pudiera ganar al estar presente. Pero yo sí debería estar allí. Pero no estaba.
Estaba aquí. Y algunas veces no entendía por qué. Maxon aún estaba pasando
tiempo con Kriss, después de todo lo que había hecho porque me quedara. Los
rebeldes atacaron implacablemente nuestra seguridad desde el exterior y el
interior, y las palabras frías del rey hicieron tanto daño a mi confianza. Todo
el tiempo, Aspen estaba a mi alrededor, un secreto que tenía que mantener. Y
las cámaras iban y venían, robando pedazos de nuestras vidas para entretener a
las personas. Había sido empujada en cada esquina y ángulo, y me estaba
perdiendo de todas las cosas que siempre me habían importado. Tragué mis
lágrimas de enojo. Estaba cansada de llorar. En vez, entré en modo de planificación.
La única forma de arreglar las cosas era acabar con la Selección. Aunque
ocasionalmente cuestionaba mi deseo de ser la princesa, no había ninguna duda
en mi mente que yo quería estar con Maxon. Si eso iba a pasar, no podía
sentarme y esperar. Recordando la última conversación con el rey, comencé a
caminar por la habitación, mientras esperaba a mis doncellas. Apenas podía
respirar, así que supe que comer sería un desperdicio. Pero valdría la pena el
sacrificio. Tenía que hacer algo de progreso, y necesitaba hacerlo rápido. De
acuerdo con el rey, las otras chicas habían hecho avances con Maxon –avances
físicos- y él dijo que yo era demasiado simple como para tener alguna
oportunidad de alcanzarlas en ese departamento. Como si mi relación con Maxon no
fuera lo suficientemente complicada, había todo un nuevo asunto con reconstruir
la confianza. Y no estaba segura si eso significaba si podía preguntarle o no.
Puede que estuviera bastante segura de que no había llegado tan lejos
físicamente con las otras chicas, pero no podía evitar preguntármelo. Nunca
había tratado de ser seductora antes –prácticamente cada momento intimo que
había tenido con Maxon se produjo sin intención-pero tenía la esperanza que si
lo hacía deliberadamente, podía dejar claro que estaba tan interesada en él
como las otras. Tomé una respiración profunda, levanté la barbilla, y entré en
el comedor. Estaba deliberadamente uno o dos minutos de retraso, con la
esperanza que todo el mundo ya estuviera sentado. Estaba en lo cierto. Pero la
reacción fue mejor de lo que esperaba. Hice una reverencia, moviendo la pierna
hacia delante, la hendidura de mi vestido se abrió, llegando casi a mi muslo.
El vestido era rojo profundo, sin tirantes y casi sin espalda, estaba casi
segura que mis doncellas habían utilizado magia para hacer que se fijara a mi
cuerpo. Me levanté, mirando a Maxon, quien había dejado de masticar. Alguien
dejó caer un tenedor. Bajé la mirada, y me dirigía a mi asiento, sentándome
junto a Kriss.
- ¿En serio, América? –susurró. Incliné
mi cabeza en su dirección.
- ¿Disculpa? –respondí, fingiendo
confusión.
Bajó su tenedor, y nos quedamos
mirando la una a la otra.
-Luces barata.
-Bueno, tú luces celosa.
Di bastante en el blanco, porque se
sonrojó un poco antes de volver a su comida. Tomé pequeños bocados de la mía,
ya constreñida miserablemente. Mientras colocaban el postre delante de mí,
decidí deja de ignorar a Maxon, y como esperaba, sus ojos estaban en mí.
Levantó su mano y jaló su oreja de inmediato, y yo modestamente hice lo mismo.
Mi mirada parpadeó rápidamente hacia el rey Clarkson, y trate de no sonreír. Él
estaba molesto, otro truco con el que había logrado salirme con la mía. Me
excusé primero, dando la oportunidad a Maxon de admirar la parte trasera del
vestido, y corrí a mi habitación. Cerré la puerta de mi habitación, y bajé la
cremallera del vestido de inmediato, desesperada por un respiro.
- ¿Cómo le fue? –Preguntó Mary,
apresurándose.
-Él parecía aturdido. Todos lo
parecían. Lucy chilló, y Anne vino a ayudar a Mary.
-Vamos a sostenerlo. Solo camine, ordenó.
-Hice lo que me dijo.
-¿Vendrá esta noche?
-Sí. No estoy segura cuando, pero definitivamente
va a estar aquí.
Me senté en el borde de mi cama, con
los brazos cruzados alrededor del estómago para evitar dejar caer al vestido
abierto. Anne me dio una mirada triste.-Lo siento, pero tendrá que estar
incómoda unas horas más. Sin embargo estoy segura que valdrá la pena. Sonreí,
tratando de parecer que estaba bien lidiando con el dolor. Les dije a mis
doncellas que quería llamar la atención de Maxon. Había tenido la esperanza,
que con un poco de suerte, este vestido estaría en el suelo muy pronto.
- ¿Quiere que nos quedemos hasta que
él llegue? –preguntó Lucy, su entusiasmo era rebosante.
-No, sólo ayúdenme a subir la
cremallera. Tengo que pensar algunas cosas- respondí, levantándome así podrían
ayudarme. Mary sostuvo la cremallera.
-Aspire, señorita.
Obedecí, y el vestido me ciñó de
nuevo, pensé en un soldado yendo a la guerra. Diferente armadura, pero la misma
idea. Esta noche yo iba a derribar a un hombre.