CAPITULO 2
TRADUCIDO POR FORO DARKGUARDIANS
Abrí las puertas del balcón, dejando
que el aire endulzara mi habitación. A pesar de que era diciembre, la brisa era
ligera y me hizo cosquillas en la piel. Ya no nos permitían salir, no sin
guardias a nuestro lado, así que esto tenía que servir. Recorrí la habitación,
encendiendo las velas, tratando de hacer el espacio acogedor. Llamaron a la
puerta, y apagué el cerillo, regresando a la cama, tomé un libro, y alisé mi
vestido. Porque, Maxon, así es como siempre luzco cuando leo.
-Adelante, -dije apenas lo
suficientemente fuerte para que me escuchara.
Maxon entró, y yo levanté la cabeza
con delicadeza, atrapando el asombro en sus ojos, mientras inspeccionaba mi
habitación poco iluminada. Por último se centró en mí, su miraba viajó por mi
pierna descubierta.
-Ahí estás, -dije, cerrando el libro y
me levanté para saludarlo.
Él cerró la puerta y entró, sus ojos
fijos en mis curvas.
-Quería decirte que te ves fantástica
esta noche.- Sacudí mi pelo sobre mi hombro.
-Oh, ¿esta cosa? Estaba en el fondo
del armario.
-Me alegro que lo sacaras. -Enlacé mis
dedos con los suyos.
-Ven y siéntate conmigo. No te he
visto mucho últimamente.- Suspiró y me siguió.
-Lo siento por eso. Las cosas han sido
un poco intensas desde que perdimos a tanta gente en ese ataque rebelde, y ya
sabes como es mi padre. Enviamos muchos guardias a proteger a sus familias, y
nuestras fuerzas no dan abasto, así que él está peor que de costumbre. Y me
está presionando para poner fin a la Selección, pero mantengo mi posición.
Quiero algo de tiempo para pensar en esto.
Nos sentamos en el borde de la cama, y me
acomodé cerca de él.
-Por supuesto. Tú debes estar a cargo
de esto. Él asintió.
-Exactamente. Sé que lo he dicho mil
veces, pero cuando las personas me presionan, me vuelve loco- Le di un pequeño
puchero.
-Lo sé.- Hizo una pausa, y no pude
leer su rostro. Pero yo estaba tratando de encontrar una manera de avanzar sin
ser agresiva, no estaba segura de cómo crear un momento romántico.
-Sé que es una tontería, pero mis
doncellas me pusieron este nuevo perfume. ¿Es demasiado fuerte?
Le pregunté, inclinando mi cuello para
que pudiera inclinarse y respirar. Él se acercó, con la nariz rozando
suavemente mi piel.
-No, querida, es delicioso,
Dijo en la curva que conducía a mi
hombro. Entonces besó allí. Tragué saliva, tratando de concentrarme. Necesitaba
tener cierto nivel de control.
-Me alegro que te guste. Te he echado
mucho de menos.
- ¿Cuánto me has echado de menos?
–respiró. Su mirada combinada con su voz baja, hacia cosas divertidas con mis
latidos.
-Mucho, -le susurré. –Mucho, mucho
más.
Me incliné hacia delante, deseando ser
besada. Maxon era confiado, acercándome con una mano, y con la otra enredada en
mi cabello. Mi cuerpo quería fundirse en su beso, pero el vestido me detenía.
Entonces, nerviosa de nuevo, recordé mi plan. Deslicé mis manos por los brazos
de Maxon, y guie sus dedos a la cremallera en la parte posterior de mi vestido,
esperando que fuera suficiente. Sus manos se quedaron allí por un momento, y yo
estaba a segundos de pedirle que bajara la cremallera cuando él se echó a reír.
El sonido me tranquilizó bastante rápido.
- ¿Qué es tan divertido? –Pregunté,
horrorizada, tratando de pensar en una manera poco visible de checar mi
aliento.
- ¡De todo lo que has hecho, esto es,
por mucho, lo más entretenido! –Maxon se inclinó, golpeándose la rodilla
mientras se reía.
- ¿Disculpa? Me besó con fuerza la
frente.-Siempre me pregunté cómo sería ver que lo intentes. –Se echó a reír de
nuevo.
–Lo siento, me tengo que ir. –Incluso
la forma en que se levantó parecía divertida.
–Te veré en la mañana.-
Y entonces se fue. ¡Simplemente se
fue! Me quedé sentada allí, completamente mortificada. ¿Por qué en el mundo
pensé que podía lograr esto? Maxon puede no saber todo de mí, pero al menos
conocía mi carácter, ¿y esto? No era yo. Miré hacia mi ridículo vestido. Era
demasiado. Incluso Celeste no había llegado tan lejos. Mi cabello era demasiado
perfecto, el maquillaje muy pesado. Él sabía lo que yo estaba tratando de hacer
al segundo que entró por la puerta. Suspirando, caminé por la habitación, soplando
las velas y me pregunté cómo se supone que iba a enfrentarlo mañana.