Que Buscas

miércoles, 7 de mayo de 2014

LA ELEGIDA CAPITULO 3



CAPITULO 3
TRADUCIDO POR FORO DARKGUARDIANS

Me debatí en decir que estaba enferma del estómago o que estaba indispuesta por un dolor de cabeza. Un ataque de pánico, en verdad, cualquier cosa que me excusara de ir a desayunar. Luego pensé en Maxon y en como siempre dice en que hay que enfrentar las cosas, eso no era particularmente una fortaleza mía, pero si pudiera bajar las escaleras, si tan solo pudiera estar presente, Maxon quizás me daría algún crédito.
Con la esperanza de que pudiera borrar algo de lo que había hecho, les pedí a mis doncellas que me pusieran el vestido más recatado que tenía. A raíz de esa petición supieron que no debían preguntar sobre la noche anterior. El cuello era un poco más alto que aquellos que usualmente vestimos en el cálido clima de Los Ángeles, y tenía mangas que llegaban casi a mis codos. Era florido y alegre, lo opuesto del atuendo de anoche.

Casi no podía mirar a Maxon cuando entre al salón, pero al menos caminé con la frente en alto.

Cuando finalmente lo miré, él estaba observándome, sonriendo, mientras masticaba su comida me guiño el ojo; y bajé mirada otra vez, pretendiendo estar muy interesada en mi quiche.

—Me alegra verte en tu verdadera ropa hoy —dijo Kriss.

—Me agrada verte de tan buen humor.

— ¿Qué demonios te ha pasado? —Siseó.

Desanimada, me rendí.

—No estoy de humor para esto hoy Kriss, solo déjame tranquila.

Por un momento, ella me miró como si pudiera contradecirme, pero creo que no valía la pena. Se enderezó un poco en la silla y continuo comiendo. Si hubiese tenido algo de éxito anoche mis acciones habrían estado justificadas, pero como fue, ni siquiera podía fingir estar orgullosa.

Arriesgué otro vistazo a Maxon, y aunque él no estaba observándome, aun reprimía una expresión de suficiencia en su cara mientras cortaba la comida. Eso era todo. No iba a sufrir así durante un día. Estaba a punto de desmayarme o agarrarme el estómago, o hacer cualquier cosa que me sacara del salón cuando un mayordomo entró cargando una bandeja plateada con un sobre en ella, se inclinó antes de ponerla en frente del rey Clarkson.

El rey tomo la carta y la leyó rápidamente.

—Malditos franceses, —murmuró. —Lo siento Amberly, parece que tendré que irme dentro de una hora.

— ¿Otro problema con el tratado comercial? —ella preguntó tranquilamente.

— Si, pensé que habíamos arreglado todo esto hace meses. Necesitamos ser firmes ahora. —Se puso de pie, lanzando su servilleta al plato, y se dirigió a la puerta.

—Padre —dijo Maxon levantándose. — ¿No quieres que te acompañe?

Me había parecido extraño que el rey no gritara una orden a su hijo para que lo siguiera cuando saliera, ya que parecía ser el método que el empleaba para instruir. En vez de eso se volvió hacia Maxon con mirada fría y voz penetrante.

—Cuando estés listo para comportarte como debería hacerlo un rey, podrás experimentar lo que un rey hace. —Sin decir más, se fue.

Maxon permaneció de pie por un momento, choqueado y avergonzando de que su padre lo regañara en frente de todos. Mientras se sentaba, se giró hacia su madre.

—Realmente no quería ir en ese vuelo, si soy honesto. —Dijo bromeando y alejando la tensión. La reina sonrió, claro cómo debería hacerlo, el resto de nosotros ignoró todo.

Las otras chicas terminaron su desayuno y se excusaron para retirarse hacia el salón de las mujeres. Cuando solo quedábamos Elise, Maxon y yo sentados a la mesa lo miré, y ambos jalamos de nuestras orejas al mismo tiempo, luego sonreímos. Elise finalmente se fue, y nos reunimos en el medio del salón, sin preocuparnos de las sirvientas y los mayordomos que limpiaban a nuestro alrededor.

—Es mi culpa que no te lleve. —Me lamenté.

—Tal vez —bromeó. —Créeme, esta no es la primera vez que trata de ponerme en mi lugar, y él tiene millones de razones en su cabeza para creer que debería hacerlo. No me sorprendería de que su único motivo esta vez fuera herir. Él no quiere perder el control, y mientras más cerca estoy de escoger una esposa, más probable es para él perderlo. Aunque ambos sabemos que el de verdad jamás lo dejará pasar.

—Podrías solo enviarme a casa. El nunca dejará que me escojas. —Aun no le decía a Maxon sobre como su padre me había arrinconado, amenazándome a mitad del pasillo, luego de que Maxon lo convenciera de permitirme quedar. El rey Clarkson había sido muy claro sobre mantener mi boca cerrada acerca de nuestra conversación, y no quería contrariarlo. Al mismo tiempo, odiaba tener que ocultárselo a Maxon. —Además —agregue, cruzando mis brazos, —Después de anoche, no creo que estés tan entusiasmado en que permanezca aquí de cualquier forma.

El mordió su labio.

—Siento haberme reído, pero en serio, ¿qué más podía hacer?

—Tenía muchas ideas —murmure, aún avergonzada de mi intento de seducirlo. —Me siento tan estúpida. —Oculte la cabeza entre mis manos.

—Detente —dijo suavemente, jalándome para darme un abrazo. —Créeme cuando digo que fue muy tentador, pero tú no eres esa chica. ¿No recuerdas la noche en el cuarto seguro? —dijo bajando la voz.

—Sí, pero eso fue básicamente nosotros diciendo adiós.

—Y habría sido una fantástica despedida.

Me aleje y le di un manotazo. Él se rio, feliz de haber roto la tensión.

—Olvidémonos de eso —propuse.

—Muy bien —el acepto. —Además, tenemos un proyecto en el que trabajar, tu y yo.

— ¿Tenemos?

—Sí, y ya que mi padre se ha ido, este será un momento conveniente para comenzar una lluvia de ideas.

—Está bien —dije, emocionada de ser parte de algo que solo nos competía a los dos.

Suspiró, poniéndome nerviosa sobre lo que estaba planeando.

—Estas en lo cierto, mi padre no te aprueba, pero él podría estar obligado a ceder si logramos manejar una cosa.

— ¿La cuál es?

—Tenemos que hacerte la favorita de la gente.

Alcé mis ojos hacia el techo.

— ¿En eso trabajaremos?, Maxon eso nunca ocurrirá. Vi una encuesta en una de las revistas de Celeste después de que traté de salvar a Marlee, la gente apenas puede tolerarme.

—Las opiniones cambian. No dejes que ese momento te deprima demasiado.

Aún tenía dudas, pero ¿qué podía decir?, si esta era mi única opción al menos tenía que intentarlo.

—Bien, —dije— pero te digo, que esto no funcionará.

Con una sonrisa traviesa en su rostro se acercó y me dio un largo y lento beso.

—Y yo te digo que funcionará.